miércoles, 16 de mayo de 2018

Cuento con onomatopeyas

Una mañana

Estaba dormida y escuché las campanas de la iglesia, tolón tolón. Para que no me diera frío, puse el radiador, frrrr. Me estaba vistiendo cuando de repente sonó el despertador de mi hermano, pipi pipi pipi. También oí un coche tocar la bocina, piiii. Fui a desayunar y, desde la ventana de la cocina, se escuchaba el pío pío de los pajaritos. Luego, al llegar al colegio, tocó la sirena, piiiiiíii. Entramos en clase, se formó mucho jaleo y un alumno hizo sonar el pinakarri, tilin tilin tilin, como toda la clase estaba en silencio, se escuchaba hasta el clap clap de los pasos de la maestra de inglés. Durante la clase de matemáticas, había un niño que se aburría tanto que no pudo evitar bostezar, boaaa, en ese momento un golpe de viento cerró la puerta de un portazo, shhh ¡pom! Nos asustó tanto que se nos aceleraron los corazones, popon popon popon. Cuando terminó terminó la clase de matemáticas, ya me estaba hasta sonando el estómago grrr grrr, del hambre que tenía. Por fin sonó el timbre del recreo, y antes de llegar al patio, ñam ñam, le dí a mi bocadillo los bocados grandes. Después de haber sonado la sirena, volvimos a clase hablando bla bla bla, y por eso el profesor sssss pidió silencio. Fue en ese momento cuando escuchamos el zumbido de una abeja, zzzz, y algunos alumnos empezaron a gritar y, corriendo histéricos, tropezaron con todo lo que se encontraban. El profesor deslizó una de las ventanas, shjjjj, y la abeja se fue. De repente llamaron a la puerta, pom pom pom, el maestro abrió la puerta y venían  buscando a los delegados, los demás continuaron con la clase. Finalmente sonó la sirena de las 2:00, piiíiii, y cada uno se fue para su casa.

FIN

MARTA GONZÁLEZ DEL PORTILLO

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