Un pescador que hacía muchos
viajes estaba muy descansando cuando se le acercó una mendiga y le
pidió que la llevara en su barca. El pescador la llevó a donde ella
quería sin que la mujer le ofreciera nada a cambio. Al llegar al
lugar, el pescador le dio a la mendiga la moneda más grande que
tenía y la mujer a cambio le regaló un vaso del perfume más
extraordinario que había olido. En ese momento, el humilde pescador
se dio cuenta de que la mujer a la que había llevado en su barca era
la mismísima Venus, la diosa del amor.
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Miguel
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